El arte de la vulnerabilidad.

petirrojo
Un amigo me envió la foto de este petirrojo que parecía delicado y cantaba lastimero: Tú que tienes talento, anda, escríbele algo, me dijo. Ay, petirrojo, qué puedo decirte yo. Que unas veces toca el gorjeo alegre de las noches de verano, pero otras, el canto más bello es aquel que en invierno acaricia el difícil arte de la vulnerabilidad.

Domingos de chocolate, lunes felices.

domingos de chocolate

Cuando fuera hace frío, no hay nada mejor que hacer que dejarse hacer por la pereza que trae el viento y el tiempo lento, allá donde nos lleve. Té de canela y dulce de risas. Cuando fuera hace frío, nada mejor que el calor de la manta de abrazos de los domingos de chocolate.

 

 

Lo que seduce, la voz

Esto va de humoramor, el que transcurre por WhatsApp y sus rituales de cortejo: el mensaje territorial, el del chiste-tanteo, el del día de después, el que dice lo que a la cara sonroja… la antropología de la seducción podría decir más de todo esto, pero aquí lo dejo por si, ya sabéis, esto lo lee gente, o mi padre, o algún pretendiente. Con la misma fuerza que acorta distancias, la maldita aplicación produce malentendidos: le falta la voz. La que la emoción quiebra, el deseo ablanda, el miedo altera y la alegría viste de música. La voz no miente: habita las palabras con la vibración de la verdad.
Lo sé porque vivo acompañada de los mensajes de voz de mis amigas UK-FRANCE-ESPAÑA, y sus voces cuentan más allá de texto: fabrican un hogar al que acudir a espantar la soledad, contar aventuras y tejer consejos. Por eso sé que la voz se lee mejor que las palabras, y dice mucho más que el texto. Chicos y chicas: el emoticón tiene su momento, pero no atrapa. Hoy, lo que conduce al encuentro es otra cosa. Lo que seduce al WhatsApp, es la VOZ.

Erótica de la página

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Lee al oído, y regala tu voz a las palabras.
Pide que te lean, y entrega tu mirada a quien te lee.
Canta ese verso, y acaricia los silencios.
Toca la página que huele a nuevo, oye la vida de las líneas, siente lo que otros sienten, viaja donde otros ya han vuelto.
Regálate la quietud de la inquietante experiencia de lectura.

 

 

El brindis del Ahora.

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Brinda por las brumas que ya caminaste.
Brinda por lo que tienes, que derrota a tus carencias.
Brinda por lo que te une a todo lo que bendices.
Brinda por la alegría que te ocupa, y borra la felicidad que preocupa.
Brinda por lo que la vida te brinda.
Hoy, aquí y ahora.

 

Merry Christmas: guía básica de supervivencia.

Ames u odies la Navidad, llegan las prisas, el pavo, reuniones y regalos. En Reyeslandia hemos elaborado una guía de supervivencia; cinco principios básicos que mejorarán tu vida. 1. LA ORIGINALIDAD ESTA SOBREVALORADA. Estudia a tu público: cocina lo que tus suegros puedan masticar y los niños disfrutar, regala lo que sabes que funciona y no te mates la cabeza: usa ese tiempo para hacer algo que te gusta y ser feliz. Los tuyos no esperan una fiesta Ferrero Rocher y tus hijos no quieren lo que tú quieres que quieran, sino lo que está de moda. 2. ANULA LOS SENTIDOS A VOLUNTAD. El objetivo es evitar el conflicto que, total, para un rato, ¿hace falta discutir? si oyes algo que te molesta, apaga el oído. Si ves algo que no te gusta, mira a otro lado. No hay nada más inteligente que hacerse un poco el tonto, ni nada más tonto que intentar ser el más listo.
3. QUEDATE CON GANAS DE BEBER. Sé que muchos no lo cumpliréis, pero esas últimas copas son la raíz de muchos “tú que has querido decir con eso”, “oye con mi mujer no te metas”, de ataques de pelo en pecho y arrepentimientos tras cenas de empresa. 4. NO TE HAGAS CASO. Las navidades perfectas no existen: el que está solo se siente más, el mal acompañado lo lleva peor, el que echa en falta a alguien lo añora. Date vacaciones de tu mente, ésta lo agradecerá. 5. DISFRUTA. Siempre hay una forma de placer que puedes surfear: si no te lo da la vivencia o creencia, la comida o la compañía, invéntate otro y busca el minuto. Píntate una sonrisa: el mejor villancico es la risa.

La danza del cielo

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En el muro que defiende a tu corazón, abre una puerta.
El que levantan tus miedos, échalo abajo con furia.
El que confina tu dicha, sáltalo.
El que unos alzan para someter a otros, indígnate.
El que sostiene tu Casa, cuídalo, y deja una plegaria entre las piedras.
El que otros deciden proteger, respétalo.
El que luce en su piel mensajes encendidos, celébralo.
El muro que tu vida dibuja con los cantos rodados,
crezcan en él espigas y bailen las lagartijas
la danza del cielo.